sábado 17 de diciembre de 2011

EL BESO

Con amor para ALAC
Beso es un sustantivo y/o verbo cuyas implicaciones son dependientes y variables según el contexto cultural donde ocurre. En ciertas sociedades, por ejemplo entre los Thonga de África, el beso es algo ignorado. En otras, el beso como acto erótico ocurre de manera muy diferente a la manera que conocemos en Occidente; por ejemplo, según Gotwald y Golden, algunos pueblos de Oceanía practican lo que se denomina el beso oceánico: se tocan con suavidad mejilla con mejilla o nariz contra mejilla inhalando profundamente para percibir el olor del otro, considerando el beso boca a boca repugnante.
Besar puede ser una experiencia sumamente sensual, en la que se explora al otro mediante la mutua intervención de sentidos como el gusto, el tacto y el olfato. Nuestro cuerpo puede ser tan vulnerable a un beso que sufra reacciones cardiacas, respiratorias, nerviosas y hormonales repentinamente. De hecho, en la boca se encuentra un tejido submucoso llamado corpúsculo de Krause que, curiosamente, también se encuentra en los órganos genitales, por lo que no resulta sorprendente que un beso alcance a ser una experiencia tan estimulante.
El poder del beso es inspirador y puede ser de contenido sexual, emocional, o de carácter socio-cultural (darlo por “obligación”, para mostrar respeto, admiración e inclusive traición). En cuanto a su alusión en las Bellas Artes, quién no conoce la bellísima obra de Klimt “El Beso” (1908), misma que en principio me movió a realizar este texto. Sin embargo, en mi investigación me sorprendí al descubrir que existe un vasto número de trabajos artísticos inspirados en el beso como tema central, pero este texto se remite sólo a los rubros de la pintura y escultura.


Con respecto a esta última disciplina encontramos tres piezas fundamentales, la del escultor italiano Antonio Cannova, la del francés Auguste Rodin y la del rumano Brancusi. La escultura del primero muestra a los personajes mitológicos Cupido y Psiqué, inmersos en uno de los besos que ocurren en esta historia de amor y tragedia.


Por su parte, Rodin nos presenta dos figuras completamente desnudas que se besan. Aparecen sentados y ella acerca a su amante abrazándole del cuello; él responde sujetándola con una mano de las caderas. Es una pieza que evoca mucha sensualidad y que con seguridad provocó un par de escándalos cuando vio la luz en 1884.


La escultura de Constantin Brancusi de 1912 es, personalmente, la más interesante de las tres aquí mencionadas. Es muy diferente a las de Cannova y Rodin pues el concepto del beso aparece mucho más simplificado. Desde mi perspectiva, su enorme atractivo reside en que pueden apreciarse la modernidad y un cierto grado de primitivismo conviviendo como características paralelas.

En la pintura, el beso aparece en distintas facetas, ya sea romántico, apasionado, traicionero, perturbador o dulce. Por ejemplo, Francesco Hayez y Edvard Munch en sus obras de 1859 y 1895 respectivamente, nos muestran un beso ocurriendo en atmósferas muy distintas (“El Beso” de Hayez se desarrolla furtivamente en la esquina de una calle) pero en esencia similares. Ambas transmiten la emoción de los amantes totalmente inmersos el uno en el otro, con las sombras nocturnas haciendo de cómplices.

Pero en la obra religiosa “El Beso de Judas” del pintor Giotto de Bondone, es posible observar una connotación muy diferente en el beso de una persona a otra. Aquí, el beso simboliza traición, y quizá sea una de las peores y más memorables demostraciones de apostasía de para los devotos del Catolicismo, misma que el artista captó con gran pericia en un trabajo de gran importancia para la época en la que fue realizado.


Así mismo, René Magritte nos dejó una imagen del beso difícil de adjetivar con calificativos de tono rosa. “El Beso” (1928) de Magritte (al inicio del texto) muestra un beso extraño, un beso de apariencia entumida que intercambian dos amantes con el rostro cubierto por una sábana. Inmediatamente se vinculó este retrato con la anterior experiencia que tuvo el autor al ver el cuerpo de su madre suicida tapado por una tela blanca y empapada.
Otros pintores de gran relevancia usaron el beso como el tema medular en algún cuadro; “El Beso” de Pablo Picasso y “El Beso de la Musa” de Paul Cezanne son dos casos poco favorables de imágenes que no me atrevería a poner en mi casa. La obra Rococó “El Beso Robado” de Jean-Honore Fragonard es mucho más frívola que las de Picasso y Cezanne, pero me gusta precisamente por ese toque de picardía y banalidad burguesa ante las que me resulta inevitable ceder.
El “Beso Materno” de Mary Stevenson Cassat me parece un trabajo memorable; muestra una hermosa niña cuya expresión deja entrever que está siendo consolada por su madre. El beso que ésta le da apenas se adivina por la visible presión en la mejilla de la pequeña. Es un cuadro tierno y dulce sin caer en sensiblerías, que deja ver al beso en una de tantas posibles circunstancias humanas.

¿Qué sería de nosotros sin estos minúsculos intercambios de universos, donde la boca es la puerta al mundo del otro, donde empieza la grieta en el muro que nos separa los unos de los otros?


Autora: Nory Astrhied Carpinteyro

Referencias:
Gotwald, Jr., W.H., Golden, G.H. (1995). Sexualidad. La Experiencia Humana. Manual Moderno: México.

martes 22 de noviembre de 2011

VICISITUDES DE LA PSICOLOGIA

Durante mi formación universitaria como psicóloga obtuve muy poca información y aún menos guía en el tema de ética y valores en el ejercicio profesional. Mis recuerdos al respecto son algunas clases aplanadas y aburridas donde se abordaron someramente algunos puntos del Manual Ético del Psicólogo, y de las que lo que siempre recordé, ante todo, lo concerniente a no iniciar relaciones personales con antiguos clientes hasta transcurridos cuatro años.
A más de tres años después de esa experiencia con la materia de ética, puedo decir que el trabajo que he hecho en materia de psicología clínica se ha regido en buena medida por mi sentido común, por el deseo y obligación de hacer las cosas bien y por el gusto de continuar aprendiendo y preparándome en una disciplina que siempre tiene algo nuevo que ofrecerme.
En este escrito quisiera hablar precisamente sobre uno de los regalos más difíciles de aceptar de la psicología: los dilemas éticos. Específicamente hay un tema en materia de ética que quisiera abordar y se trata de las relaciones duales en la terapia psicológica. Primero definiré qué es la ética y después se abordaré tres formas en que las relaciones duales pueden presentarse, a saber, el intercambio de servicios, el inicio de relaciones sociales, y relaciones sexuales, todas las cuales pudieran darse entre terapeuta y cliente.
El objetivo es hablar francamente sobre una serie de eventos que suceden con más frecuencia de la que quisiéramos confesar. Desde mi propia experiencia, hubo muy poca información y asesoría en este tema, y quiero ofrecer algunas de mis notas esperando que inviten a colegas a la actualización, supervisión y sincera auto observación. Aceptando que antes de ejercer como terapeutas o psicólogos somos seres humanos y que precisamente por eso es necesario tener este tema presente, para brindar servicios de calidad donde prevalezca, ante todo, el bienestar de nuestros consultantes.
Definamos ética como los principios morales adoptados por un individuo o grupo que buscan proveer reglas para una conducta correcta. Ahora aclaremos qué es la moralidad que menciona la definición anterior; ésta se refiere a la evaluación de acciones en base a un contexto cultural más amplio o bien en base a un estándar religioso.
Podría decirse que el “problema” entre la ética y mi ejercicio de la psicología es que, a pesar de que mi trabajo está regulado por ciertas leyes y códigos profesionales, no existen respuestas exactas sobre cómo abordar una gama de situaciones que pudieran presentárseme en consulta. Sólo existen muchas guías pero muy poca precisión en cuánto a qué hacer ante ciertas eventualidades. La falta de recetas para la resolución de problemas no se limita al trabajo con mis clientes, sino que se extrapola a mi interacción personal con ellos. Quien diga que la psicología es una carrera fácil que sea puesto en la hoguera mientras envidio, en un breve momento de debilidad, la exactitud cuadrilátera de las ingenierías.
Si he de proponerme trabajar con una ética global, entonces no se trata únicamente de cumplir con las reglas que mantengan mi cuello a salvo de problemas legales o revocación de mi licencia, sino de velar por que mis mediaciones sean siempre en beneficio de mis clientes. Se trata aquí de encrucijadas que pudieran comprometer mi rol y las expectativas de éste, y el bienestar de quien tengo frente a mí.
Como ya comenté con anterioridad, una de las lecciones que mejor extraje de las enseñanzas universitarias es el no involucrarse sexual ni socialmente con clientes actuales ni antiguos, punto. O la clase fue muy mala o me la volé demasiadas veces, y sinceramente apuesto más por la primera opción. Bien, el anterior planteamiento ético sigue vigente y es tal vez una de las más comunes formas en que las relaciones duales cobran vida en el ámbito terapéutico. Pero hay otras variantes que en mi caso no fueron tan discutidas en aquellos tiempos.
Comencemos por la definición del término relación dual, el cual se refiere a la mezcla de la relación profesional que tengo con mi cliente y otro tipo de relación, que puede cobrar varias formas. La mayor parte de las veces es factible que una relación dual conlleve a violaciones de los estándares legales, éticos y clínicos, así que prácticamente por definición la relación dual implica roles que son incompatibles entre sí. En otras palabras, no puedo ser tu amiga mientras ejerzo como tu psicóloga, ni tampoco puedo ser tu amante, tu maestra o tu supervisora en caso de que tú también te desempeñes como psicólogo o terapeuta.
Los expertos en la materia idearon una pregunta clave que puedo plantear si me encuentro ante una situación en la que no estoy muy segura qué posición tomar: Si procedo con esto (a socializar fuera del consultorio con esta persona, por ejemplo) ¿es para satisfacer una necesidad mía o por el bienestar de mi cliente? Así, la violación ética ocurrirá cuando sitúe mis necesidades e intereses por encima de los de mi cliente. Siempre hay que estar muy al pendiente de nuestras motivaciones como psicólogos con respecto a lo que se hace o se deja de hacer con quienes nos consultan.
El intercambio de servicios es mi primer ejemplo de relación dual. Supongamos que llega a terapia una persona que se dedica a la construcción y me plantea la posibilidad de recibir tratamiento a cambio de realizar algunos cambios y mejoras en mi casa. En principio no suena mal, ambos podemos echarnos una mano y beneficiarnos de nuestro respectivo trabajo. Pero si no hace su parte según mis expectativas ¿acaso eso no afectaría la manera en que yo misma lo trato y lo atiendo? Por otro lado, si la persona pensara que el trabajo que está haciendo en mi casa supera el costo de la terapia que estoy dándole ¿podría perjudicarse nuestra relación y su motivación para seguir con el tratamiento?
Supongamos ahora que otro cliente me invita a llevar a cabo las sesiones mientras comemos o tomamos un café. Quizá me pide que le acompañe a una fiesta u otro evento social con el argumento de que se siente más cómodo para abrirse conmigo si nos encontramos en un ambiente más informal y relajado. ¿Cuáles son las motivaciones de este cliente para invitarme? ¿Cuáles son las mías para aceptarlas? Y en caso de hacerlo ¿acaso no existe la posibilidad de que yo sea una psicóloga menos confrontativa y la persona se censure para no perjudicar la relación social?
La atracción física y sexual es algo proclive a ocurrir, ya sea del cliente a mí o viceversa. De hecho esto se da en todos los ambientes laborales, pero cobra un sentido prohibitivo cuasi morbosotabuescorreprobable en la práctica psicológica. No recuerdo que nadie me hablara nunca sobre qué hacer si una situación así se me llegase a presentar cuando ejerciera mi profesión; perece que en principio hay una negación de que esto siquiera figura en el panorama.
Ese es otro de los odiosos aspectos de tener una formación como psicóloga, que a la gente de repente se le ocurre visualizarte como prototipo del super hombre; peor aún, parece que la gente aun me distingue muy bien de las videntes, brujas o hechiceras. Regresando al argumento, los psicólogos lejos de pretender ser robots inmutables ante la tentación de la carne, es importante estar preparados para enfrentar esta posibilidad, por lo que algunos considerados expertos en materia de ética sugieren que si llegase a tener fuertes sentimientos sexuales ante un consultante:
- Explore las razones por las que me siento atraída hacia esta persona.
- Consulte a un colega con mayor experiencia que pudiera ayudarme a decidir un plan de acción.
- Busque asesoría personal, en otras palabras, que yo misma me someta a una terapia para descubrir si existen temas en mi vida con los que no estoy lidiando.
- Si nada de lo anterior funciona, se recomienda que termine la relación terapéutica y refiera a mi cliente con otro terapeuta.
Es vital tener esto en cuenta y estar listos para lidiar con un escenario de esta naturaleza. Consideremos las recomendaciones de quienes han observado e investigado los efectos nocivos del involucramiento sexual entre terapeutas y sus clientes:
- Un terapeuta que cruzó la barrera sexual una vez, está muy propenso a hacerlo de nuevo.
- Cuando hay sexo de por medio en la relación terapéutica, el terapeuta pierde control del curso de la terapia.
- Este tipo de relaciones nunca son apropiadas ni ayudan al cliente, pues destruyen la objetividad necesaria para una intervención efectiva y la confianza del cliente no sólo hacia su terapeuta, sino también hacia otros terapeutas.
- Generalmente los clientes sentirán que se aprovecharon de ellos, desacreditando todo su proceso terapéutico y haciendo muy difícil que quieran iniciar otra terapia con alguien más.
Nótese que además hay una serie de posibles repercusiones legales en torno a estos temas, mismas que dependen tanto del país como del estado donde se ejerce, cuestiones demasiado extensas como para tratarse aquí, pero de las que también es útil informarse y estar al tanto.
Hablé aquí sólo de tres tipos de relaciones duales, pero existen otras que quizás conozcas y de las que quisieras informarte si trabajas como psicólogo o planeas hacerlo. Algunos ejemplos son: ser maestro y psicólogo o psicólogo y supervisor de una persona (simultáneamente), dar terapia al familiar de un amigo o a tu propio familiar o amigo, y también está el tema del contacto físico entre tú y tus clientes. Corey y Callanan plantean una serie de interrogantes respecto a lo expresado en este escrito:
- ¿Qué efecto piensas que tendrá en la terapia el hecho de que interactúes socialmente con tu cliente?
- Si te enamoras de un cliente y quieres involucrarte sexualmente, ¿cuál es el plan de acción más ético a seguir? ¿Basta con la terminación de la relación profesional?
- ¿Qué criterio determina si el contacto físico con mis clientes (por ejemplo abrazar) es o no terapéutico?
- Imagina que como estudiante, uno de tus profesores tiene una serie de acercamientos inapropiados hacia ti, ¿Cómo reaccionarías? ¿Qué harías al respecto?
Las relaciones duales no siempre son anti éticas, pero es necesario auto observarnos y monitorearnos para evitar problemas. Muchas veces podemos incurrir en faltas de ética que surgen por ignorancia u omisión y no necesariamente por el deseo explícito de perjudicar a alguien. Ante un conflicto ético pudiéramos buscar respuestas en la escrupulosidad de los códigos que nos rigen, pero la realidad es que lo más seguro terminemos haciendo lo que nos dictan nuestros valores y consideraciones, pues es muy diferente la teoría a todo lo que la realidad nos confronta. Ejercitemos nuestra conciencia y tengamos presentes y claros cuáles son nuestros valores, nuestra postura dentro de la psicología. El profesionalismo se construye con trabajo duro día a día; no lo descuidemos o arriesguemos por comportamientos que pudieran pasarnos inadvertidos.


Referencia:
Corey, G., Corey, M.S., & Callanan, P. (1993). Issues and ethics in the helping professions. Pacific Grove: Brooks/Cole.

viernes 3 de junio de 2011

FRASE DEL MES






"Un artista es alguien que produce cosas que la gente no necesita tener pero que él, por alguna razón, piensa que sería una buena idea darles".

Andy Warhol

jueves 2 de junio de 2011

EL ARTISTA

El Artista es una divertidísima película que cuenta la historia de Jorge Ramírez, un enfermero filisteo lo suficientemente astuto para colarse al mundo del arte, manipulando la situación para llegar a obtener reconocimiento y popularidad a nivel internacional por “su” obra. Lo que resulta sumamente curioso del film El Artista, es que constituye una burla descarada, un cuestionamiento y un retrato de su propio universo.

Aunque la pintura es la disciplina en torno a la cual se desarrolla la trama, la sátira de la película se extiende a todas las comunidades del arte que pueden ser propensas a tomarse demasiado en serio a sí mismas. Ese es precisamente el eje en torno al cual gira la película: el leguaje y la semántica que se emplea para vanagloriar la tendencia en boga; los usos y costumbres de los intelectuales culturosos que forman parte del mundo artístico.

Pero sobre todo, El Artista se embarca en una reflexión que por mucho tiempo ha sembrado opiniones divergentes: ¿qué es el arte?, ¿quién decide qué es arte?, ¿cómo se es artista? Lo interesante es que el film plantea estas interrogantes pero no busca darles una respuesta definitiva; tan sólo nos deja con algunas pistas inteligentemente burlonas al respecto. Haciendo una clara referencia a ciertos trabajos de arte contemporáneo, Jorge, el protagonista, se pregunta “Si yo pongo este teléfono en un museo y digo esto es arte ¿soy un artista?”.

Si la respuesta es sí: ¿qué nos llevó a dicha conclusión? Probablemente los constructos alrededor del Teléfono en cuestión: se trata del famosísimo y renombrado Jorge Ramírez (que para el caso puede ser cualquier persona reconocida por las “autoridades” en la materia), quien expone su Teléfono el Museo de Arte Contemporáneo X, lo que incrementa la validación de la obra y genera esta idea de que debe ser algo importante y relevante.

El Artista cuestiona este procedimiento mostrando cómo trabajos impactantes pueden realizarse por personas completamente ordinarias y pasar desapercibidos hasta que la persona “correcta” los acepta como arte. En el mejor de los casos Jorge engaña al mundo, no así la obra misma, que por sus cualidades se hermana con el Art Brut y nos da una serie de pistas acerca de la naturaleza de su autor.

La película capta los parámetros de estos sofisticadísimos padrotes (como ya he tenido oportunidad de calificarles en otro texto) denominados curadores, dueños del veredicto que establece qué está dentro y qué está fuera, y a quienes tantas veces el tiempo se encarga de desmentir. Un elemento del film que potencializa su comicidad, es que el reparto cuenta con la participación de populares artistas que participan de esta mofa a su propio cosmos. Jorge Ramírez es encarnado por el cantante Sergio Pángaro, y Andrés Duprat , quien aparece como curador de arte, a eso de dedica en la vida real.

El estilo fílmico de El Artista aparece muy original. Disfruté las tomas largas y fijas, a veces como fuera de foco y aparentemente descuidadas. Me pareció un formato muy ad hoc a la historia, además de que cuenta con excelentes actuaciones. Dijo Joseph Beuys que todo hombre es un artista y tal parece ser el motto y la médula de esta recomendable película argentina.

Autora: Nory Astrhied Carpinteyro


viernes 13 de mayo de 2011

MUJERES PERVERSAS: HECATE

“Ven infernal… Bombo, diosa de las calzadas, del cruce de los caminos, tú, que te regocijas cuando aúllan las perras y se vierte la tibia sangre; tú, que andas entre los fantasmas y en el lugar donde están las tumbas; tú, cuya sed es de sangre; tú, que puedes implantar un miedo helado en el corazón mortal. Gorgo, Mormo, Luna de un millar de formas, ve con ojos propicios nuestro sacrificio.”

Se cree que Hécate es una diosa de procedencia Griega, aunque hay poca precisión en cuanto a su origen mítico. Según Francis King, es factible que originalmente fuera una diosa asiática naturalizada por los griegos, quienes aprendieron a tenerle bastante miedo y respeto. Descrita como una hermosa diosa, su hogar fue Tesalia, sus padres Coeo y Febe (o Perses y Asteria según otras genealogías), y Zeus su protector, otorgándole privilegios y prerrogativas debido al gran poder de Hécate en la tierra, el mar, e incluso en el más allá.

Hécate es patrona de las brujas, diosa de los alumbramientos pero también del aborto; protectora y nodriza de los niños pequeños. Está asociada con el inframundo, con los espíritus, con la magia, con la adivinación, con la noche y la luna, quedando identificada tanto con la diosa Artemisa como con Diana. Se la relaciona con las encrucijadas, donde con frecuencia era venerada por gente que le dejaba pequeñas ofrendas de comida cuando había luna llena, buscando recibir su guía sobre cuál era el mejor camino a seguir en determinada situación. También, en los cruces de caminos era frecuente encontrar construcciones de columnas y estatuas que mostraban a Hécate con sus tres caras (el número tres es considerado mágico en muchos sentidos). Estas tres cabezas simbolizan la capacidad de la diosa para ver el pasado, presente y futuro.

Diversos animales han sido ligados a Hécate, el perro negro en primera instancia. Este animal era sagrado y un fiel acompañante de Hécate, y el avistamiento de un perro de tal color era un heraldo de su llegada. Hécate era una diosa muy respetada pero también temida en Grecia, quedando la imponente naturaleza de su culto bien ilustrada por la invocación citada al principio de este texto. Siguiendo a Francis King, la veneración a Hécate y las creencias acerca de la brujería se extendieron hasta diversos lugares fuera de Grecia.

Este mismo autor reflexiona inteligentemente sobre tal fenómeno comentando que “es un hecho curioso que cuando una religión está en un estado de descomposición, bien sea este permanente o temporal, siempre sea precisamente la parte menos agradable de la religión en cuestión la que muestra mayor capacidad de supervivencia. Los cultos paganos del mundo greco-romano no fueron una excepción a esta regla. Mucho después de que los brillantes dioses del Olimpo hubieran sido olvidados, los dioses más oscuros mantenían aun su plaza en los corazones del populacho rural de los lugares más recónditos de Europa.”

Aun en la actualidad he tenido oportunidad de ver fetiches de Hécate hechos para ser colgados como protección en las puertas de las casas, pues hay que mencionar también que es diosa de los amuletos mágicos y protectora de las entradas. Pero quizá uno de los tributos artísticos más conocidos en relación a Hécate es el óleo elaborado en 1795 por el escritor y poeta inglés William Blake. Se sabe del interés de Blake por la mitología griega, y en esta pintura se muestra su conocimiento con respecto al tema de Hécate a la que ilustra en su faceta tripartita. Otro aspecto interesante de la pintura de Blake es la alusión a Macbeth de Shakespeare, pues muestra a los animales que Hécate echa a su caldero en una escena de esta obra: el búho, la serpiente y el murciélago.

Me parece que Hécate es una figura sumamente atrayente porque puede ser representada como una mujer bella y joven cuando se enfatiza su poder de dar vida y protección, o como una vieja seca y estéril con tendencias de muerte y oscuridad. Que este dualismo pueda coexistir en una misma deidad la hace ante mis ojos mucho más enérgica y factible que aquellas vírgenes insípidas incapaces de reconciliar ambas realidades.

Autora: Nory Astrhied Carpinteyro

Referencias:

Buckland, Raymond. (2002). The Witch Book. Visible Ink: U.S.A.

Garibay, K. Ángel Ma. Mitología Griega, Dioses y Héroes. (2003). Porrúa: México.

King, Francis. (1978). Sexo, Magia y Perversión. Abraxas: España.

lunes 2 de mayo de 2011

FRASE DEL MES


"Es mejor saber después de haber pensado y discutido que aceptar los saberes que nadie discute para no tener que pensar".

Fernando Savater

sábado 23 de abril de 2011

MUJERES PERVERSAS: DIAMANDA GALAS

Cuando asistí por primera vez a un hospital psiquiátrico mis preconceptos acerca de lo que encontraría se vieron seriamente modificados. Cierto es que hay días que transcurren con mayor agitación, como en cualquier otro sitio, pero por lo general pervive un ambiente tranquilo aunque caracterizado por sonidos, valga la redundancia, fuera de lo común. Vocalizaciones que provienen de cuartos aislados, discursos estructurados por manierismos y ecolalias, sonidos que parecen repertorios del inframundo, exotismos sorprendentes todos. La locura tiene la voz de Galás.

Si pretendes tirarte en el sofá y poner música para relajarte y entumirte con trivialidades sónicas, no pongas a Galás. Su voz, su piano y sus temas son confrontación pura, danzas con la demencia, manoseos con la muerte, besuqueos violentos con poesía cruenta. Galás es dolor y amargura. Formula sin el mínimo tapujo ni la remota intención de maquillar con melodías esperanzadoras, las emociones lastimeras que caminan nuestras vidas y que con frecuencia no expresamos porque no sabemos cómo.

Galás es una intérprete gótica, aunque si de géneros se trata, el blues, jazz, gospel y rock entran también en sus experimentos musicales. Oriunda del sur de California fue criada con rigor en el seno de una familia Griega, por lo que sus raíces y tradiciones marcaron profundamente su futura carrera artística. Desde sus comienzos tuvo los escenarios más peculiares, como también un público selecto conformado por travestis e internos de hospitales psiquiátricos, por ejemplo.

Imagino que en un concierto de ella uno cierra los ojos y bien puede situarse en el curso de un funeral, en un manicomio, en una sesión de tortura, en una bacanal o en un exorcismo. De estos cinco contextos sólo he tenido la pena de estar en el primero y la fortuna de estudiar en el segundo. Los tres restantes son producto de mi vívida imaginación, alimentada por supuesto del sonido desquiciado que emiten las cuerdas vocales de la Sra. en cuestión; dicho sea de paso, preferiría jamás presenciar una tortura, adoraría participar una bacanal y respecto al exorcismo… bueno, digamos que la psicoterapia es su versión posmoderna.

Galás canta y emite su voz con absoluta libertad, llegando a resonancias escalofriantes. Sus gritos y modulaciones sugieren que tiene pulmones de acero y que si el diablo existiera sería su fan número uno; de hecho tiene un álbum que lleva por nombre “Las Letanías de Satán”. Pero estoy segura de que dios se regocija también por los alcances de esta bizarra creación suya.

Sea para amarla o para aborrecerla, Galás no pasa desapercibida y su peculiar voz generalmente invoca comentarios acerca de la locura: “¿Quién es esa loca que canta?” o “¿Cómo te gusta eso? Estás loco”. Y es comprensible pues la crueldad y transgresión vocal de Galás no es fácil de digerir, pero es sin duda una artista completa que además ha incursionado en la literatura y en un feroz activismo que apoya causas en beneficio a los enfermos de VIH, padecimiento por el cual perdió a un hermano. Ha colaborado con importantes músicos y en la realización de diversas bandas sonoras. A continuación propongo una de las interpretaciones que más me gustan de ella, en la cual musicaliza el bellísimo poema “Si la Muerte” del poeta salvadoreño Miguel Huezo Mixco.

Autora: Nory Astrhied Carpinteyro